13 muertos y 732 casos de cóvid en un día

La cifra vuelve a ser la más alta. Victoria, el segundo estado más poblado de Australia, contabilizó ayer jueves 723 nuevos casos de coronavirus y trece muertos. Las autoridades sanitarias creen que al menos diez están relacionados con algún geriátrico, principal foco de los rebrotes en pleno invierno austral.

Los números son malos, alimentando el temor de que las seis semanas –empezaron el 7 de julio– de confinamiento de Melbourne, la capital del estado, no estén funcionando y se tenga que extender.


El confinamiento de seis semanas de la ciudad, que empezó el 7 de julio, no está dando resultados










“Algunas de las transmisiones son de hogar a hogar, pero la gran mayoría ocurren en los lugares de trabajo”, ha reconocido el premier Daniel Andrews. En su rueda de prensa diaria, Andrews anunció nuevas normas, como prohibir las reuniones entre amigos y familiares en la zona metropolitana de Melbourne, aunque dejará los restaurantes abiertos. En total 9.998 victorianos se han infectado de la Covid-19 desde enero y 5.385 de ellos todavía tienen el virus.

Desde el primer caso notificado el 25 de enero, Australia ha registrado 16.122 infectados y 190 fallecidos. Entre febrero y junio los positivos fueron mayoritariamente importados, australianos que se habían infectado en el extranjero y eran relativamente fáciles de rastrear y controlar. Melbourne y Sydney, con los dos aeropuertos con más conexiones internacionales, fueron las puertas de entrada.

Durante los primeros meses de la pandemia, Nueva Gales del Sur registró el mayor número de casos, especialmente a causa de los pasajeros del crucero Ruby Princess –responsable de al menos 662 infecciones y 21 muertes– y del que ahora se sabe, según las comunicaciones oficiales, que la Fuerza Fronteriza de Australia dejó desembarcar en el puerto de Sydney creyendo que los pasajeros con síntomas habían dado negativo en unos tests que resultaron ser de la gripe común.

No hay consenso sobre qué está fallando, si es que algo falla después capear la primera ola de la pandemia con relativo éxito. “La media de casos de los últimos tres días es muy similar a la de los tres días anteriores”, explica el profesor de Bioestadística de la Universidad de Sydney Ian Marschner. “Todavía es muy temprano para afirmar que hay una aceleración de las infecciones”, señala.





Pero para el doctor de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Sydney Diego Silva los rebrotes en Melbourne son “un fallo de la justicia”. Aunque el premier insista en la cuarentena, no se han tomado medidas para cerrar los centros de trabajo y la gente necesita pagar las facturas y cuidar de los suyos. “Una parte importante de la solución es proveer a la gente del apoyo necesario para ayudarles y proteger a los demás”, afirma Silva.

El Gobierno ha activado pagos únicos de 300 dólares (unos 180 euros) a la gente que espera los resultados y 1.500 (unos 915 euros) si das positivo y no puedes ir al trabajo. “La fase tres del cierre no está funcionando, o la gente no cumple”, afirma Raina MacIntyre, profesora responsable del Programa de Bioseguridad en el Kirby Institute de Nueva Gales del Sur. Para MacIntyre, si los casos siguen creciendo será muy difícil rastrear entre 10 y 25 contactos por cada persona infectada: “Si no podemos identificar cada caso y poner en cuarentena sus contactos, la epidemia puede descontrolarse”, advierte.

Los modelos muestran que la transmisión comunitaria es especialmente virulenta en espacios cerrados, donde no corre el aire y no hay distancia de seguridad. Hasta el momento 779 casos están directamente relacionados con residencias privadas, afectando al personal y a los usuarios. “Estos brotes son más controlables con los diseños de los propios centros, las habitaciones compartidas y las áreas comunales son un gran riesgo”, recuerda MacIntyre.





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