Al cielo no se va en Mercedes

Ni en el cielo ni en la tierra hay lugar para la ostentación. Sobre todo si se hace pública y provoca un escándalo que pueda dañar nuestra imagen. Así ha reaccionado el patriarca Kiril, líder de la Iglesia ortodoxa rusa, después de que se conociera que una conocida religiosa lleva años comprando y utilizando vehículos de lujo.

Después de que el escándalo haya recorrido la prensa y las redes sociales rusas, el patriarca Kiril decidió intervenir y pedir a la abadesa Feofania, que dirige el Convento Pokrovski (Intercesión) de Moscú, que prescinda de tan llamativo medio de transporte.


Las críticas por la ostentación excesiva no son nuevas y han afectado al mismo patriarca










El pasado viernes, el portavoz del Patriarcado, Vladímir Legoida, anunció que el jefe de la Iglesia ortodoxa rusa “indicó que las donaciones que se hacen al monasterio deberían usarse para fines sociales y caritativos”, dando a entender la procedencia del dinero para comprar los coches.

El vehículo que ha revolucionado la casa de Dios es un Mercedes Benz S500 4Matic, y cuyo valor ronda los 9,5 millones de rublos (cerca de 130.000 euros).

La advertencia del patriarca no es nueva, teniendo en cuenta varios escándalos mediáticos del pasado.

Legoida recordó que Kiril ya había mandado en el 2012 y en el 2017 a los religiosos “que no usasen coches considerados normalmente lujosos, y que los que sean necesarios para el trabajo se registren a nombre de los monasterios”. Y advertía que debían deshacerse de esos objetos incluso aunque fuesen regalos, evitando así las críticas de la sociedad.

El escándalo empezó a circular a mediados de julio, cuando la web Otkritie Media publicó que de todos los coches del mundo la higúmena (abadesa) Feofania prefiere los alemanas Mercedes, y que lleva casi 20 años utilizándolos. Basándose en datos de la policía de tráfico, hasta el año 2011 tuvo dos modelos que pueden considerarse baratos: un Mercedes-Benz E320 matriculado en el 2002 y un Mercedes-Benz B170.

Sin embargo, después la madre superiora del convento Pokrovski adquirió un Mercedes-Benz S500 4Matic, valorado en 5 millones de rublos (59.000 euros). Y en el 2016 compró el nuevo modelo de este último, ya con un valor de 9,5 millones de rublos.





Este asunto ha causado sensación porque se produce en un momento en el que la pandemia del coronavirus también ha provocado dificultades financieras en el seno de la Iglesia. En mayo el patriarca Kiril pidió a los feligreses adinerados que ayudasen a los sacerdotes que se hayan topado en este tiempo con problemas económicos.

Feofania, cuyo nombre secular es Olga Mískina, ha dirigido el convento femenino Pokrovski durante 25 años. Este monasterio es uno de los más ricos de Moscú y en él se guardan los restos de la santa Matrona Níkonova, que atraen a miles de peregrinos cada día.

La abadesa Feofania también dirige la escuela religiosa de secundaria de Troitse-Líkovo, al norte de Moscú. En verano del 2015 empezó a dirigir el hotel Pokróvskaya, un cinco estrellas construido por la Iglesia y dedicado a los peregrinos que vienen a Moscú. Y en el 2018 se hizo cargo de la dirección del hotel Danílovski, de cuatro estrellas.

Ese mismo año recibió la Orden por el Servicio a la Patria de manos del presidente de Rusia, Vladímir Putin.

Esa afición a los Mercedes ha sido criticada vehemente por el protodiácono y conocido bloguero Andréi Kuráev, que ha mandado a la abadesa al infierno. El religioso acusó a Feofania de haber negado el pasado febrero ayuda económica a un clérigo que trabajaba en el monasterio y que necesitaba dinero para una operación para su hijo recién nacido. “Pasea, madre, pasea. Al infierno hay que llegar con comodidad”, ha escrito Kuráev en LiveJournal.





No es el primer caso de lujo excesivo que causa preocupación en el seno de la Iglesia ortodoxa rusa. Ni el mismo Kiril se ha librado. En el 2012 el Patriarcado publicó una fotografía que al parecer habían retocado para que no se viera en su muñeca un reloj de oro Breguet. Pero se olvidaron de borrar el reflejo del reloj sobre la mesa, lo que levantó no pocas críticas.

Ese mismo año un monje a bordo de un jeep de alta gama causó un accidente en Moscú en el que murieron dos personas. El religioso fue condenado a tres años de cárcel, pero antes se supo que poseía tres coches de lujo. Y en el 2018 causó sensación un pope de la provincia de Tver que lucía en Instagram artículos de Gucci y Louis Vuitton. El cielo en la tierra.





Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*