Conferencia de Presidentes: Mejorar el rodaje | Opinión

Conferencia de Presidentes celebrada este viernes en San Millán de la Cogolla (La Rioja). / Europa Press

Pese a la ausencia solitaria de un presidente generalmente desdeñoso con los demás —y con el compromiso solidario con el Estado—, resulta positivo que se haya reunido ayer la Conferencia de Presidentes en San Millán de la Cogolla, en su primera reunión presencial tras las 14 sostenidas telemáticamente durnte el estado de alarma. No tanto porque se alcanzaran conclusiones concretas (tampoco estaba previsto), sino porque fue la ocasión de compartir información sobre la gobernanza de los ingentes fondos europeos de recuperación económica que recibirá España —los famosos 140.000 millones de euros— y de hacer propuestas.

No es un asunto menor. Al tratarse de un paquete que requiere una intensa colaboración entre las distintas Administraciones, y entre estas y la empresa privada, todo esfuerzo de comunicación y cooperación es indispensable. El esquema de trabajo anunciado por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se basa en cuatro foros: comisión interministerial, unidad operativa de su gabinete, Consejo de Política Fiscal y Financiera, y grupo de alto nivel para la sintonía con el mundo privado. Parece suficiente: será necesario, sin embargo, extremar su confluencia, estimular su agilidad y favorecer la información continua, pues debe conjugarse el protagonismo de los distintos actores en un empeño común.

El encuentro subraya la necesidad de avanzar en la institucionalización de este organismo, y mejorar su rodaje orillando pintoresas expresiones de supuestos agravios comparativos que conducen a la nada. Su utilidad quedó subrayada durante el largo y pesaroso trimestre del confinamiento, que de ninguna manera está tan lejos.

Y ello por tres razones. Primera: que en ese periodo se constituyó como la más continuada y exacta —aunque no necesariamente perfecta— representación política del Estado autonómico. Segunda, que ejercía (con mayor o menor eficacia) de engarce entre el factor de proximidad a la ciudadanía que encarnan los presidentes de las comunidades y la necesidad de pautar una visión global en la que puedan encajar todos los enfoques, tarea principal del presidente del Gobierno. Y tercera, que todo intercambio de los responsables de máximo nivel en una situación novedosa, de ruptura súbita de la normalidad y de intenso desconcierto ante sus causas y perfiles (en este caso, la pandemia), debe resultar necesariamente fructífero.

Había además un hilo conductor entre las cumbres anteriores y esta de ayer: la permanencia, si bien con características distintas, de los dos grandes problemas, sanitario y económico, desatados desde el mes de marzo. Y una novedad de peso, la que representa la aprobación del plan de recuperación económica europea, y sus importantes beneficios para España.

¿De verdad puede creer el ausente Joaquim Torra que “este tipo de reuniones son poco útiles” para retos de esta envergadura? ¿Acaso no habría sido interesante para los ciudadanos catalanes, que debiera representar —pero no representó ayer—, su intercambio de ideas para atajar la recesión, además del aprendizaje que le habría supuesto escuchar a quienes han exhibido mejores resultados? ¿O trabajar para el encaje de su improvisado proyecto de 30.000 millones de inversión inconcreta en el plan global? Ocurre que él suele preferir fotografiarse con los activistas radicales. Hasta el más modesto futbolista sabe que nunca los partidos se ganan por incomparecencia.

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