El US Open, entre la espada y la pared | Deportes

Pese a que la ATP publicase hace un mes una nueva hoja de ruta y los responsables de la Federación Estadounidense de Tenis (USTA) sacaran pecho porque su US Open, el palomitero Grand Slam de Nueva York, habían recibido luz verde para que se pudiera disputar, el presente sigue poniéndole zancadillas al tenis en su intento de retorno. Al runrún de la preocupación se añaden ahora señales consistentes: Washington, el que debía ser el punto de partida en la reanudación, el 14 de agosto, no se celebrará. Así lo anunció este martes la ATP, que observa con ojos vidriosos cómo se chafa el hipotético despegue y, tal vez, en breve se sabrá, quizá también el major neoyorquino.

Trabaja a contrarreloj el organismo, pero la realidad le pone una traba tras otra y el azote del coronavirus en Estados Unidos (más de 140.000 muertos en estos momentos) dispara la inquietud. El US Open arranca teóricamente el 31 de agosto, precedido del Masters 1000 de Cincinnati, y pese a que se haya diseñado una suerte de burbuja en Flushing Meadows, donde se localizan este año ambos torneos –cruzando el Hudson, al este de Manhattan–, la cancelación de Washington deja entrever que las circunstancias harán muy complicado que pueda celebrarse cualquier tipo de evento en tierras norteamericanas.

El director del torneo de Washington, Mark Ein, incidía en las causas que se preveían: las restricciones en los viajes internacionales. Reunir a todos los tenistas en suelo estadounidense hoy día es poco menos que una quimera, y no parece que la situación vaya a cambiar a corto plazo, por lo que la ATP se verá abocada a decidir más pronto que tarde y antes de que se cierre el mes seguramente haya un comunicado para anunciar si definitivamente se disputa el US Open –sin público y bajo estrictas medidas de seguridad, según anticiparon los responsables– o bien se suspende.

Mientras tanto, crece y crece el escepticismo, y cada vez se ve más negro el regreso a la actividad de un deporte que está siendo preso de su propia proyección internacional. “Sé lo duro que han trabajado Mark (Ein) y su equipo para adaptarse a las condiciones cambiantes del momento, pero desafortunadamente hay muchos factores en juego que están fuera de nuestro control”, expresó a través de un comunicado el presidente de la ATP, el italiano Andrea Gaudenzi, que accedió al mando del rectorado masculino en octubre del año pasado.

El aviso de Lleida

“La ATP continúa trabajando en un calendario revisado para 2020, con una próxima actualización estimada para la próxima quincena”, prolongaron desde el organismo. En paralelo, la WTA sigue adelante con su plan de reiniciar el circuito femenino a partir del 3 de agosto, en Palermo y bajo un riguroso protocolo. Nada que ver con el show que montó Novak Djokovic en su país, que terminó con contagios por doquier y que aún escuece por la imagen ofrecida.

Pero no ha sido el único negligente Nole. Ahí está el nefasto ejemplo del alemán Alexander Zverev, al que se le vio en una fiesta masiva después de haber prometido respetar la cuarentena tras participar en la gira del número uno, o la estadounidense Danielle Collins, 51ª del ranking, quien ha sido expulsada del World Tennis Team por abandonar sin permiso el hotel en el que se hospedaban las jugadoras.

En España, mientras, la Federación lanzó una pequeña gira (masculina, femenina y en silla de ruedas) que transcurre de forma exitosa, aunque empezó con un contratiempo puesto que la primera parada era el Club de Tenis de Lleida, y la provincia ha sido sacudida por los rebrotes; en consecuencia, hubo un traslado forzado a Barcelona.

“Es complicado porque hay jugadores de diferentes países y cada uno está en una situación diferente…”, transmitió este martes el asturiano Pablo Carreño durante la presentación del Torneo 25º Aniversario Equelite, la academia de Juan Carlos Ferrero en Villena (Alicante).

La advertencia de Tiley

“Pinta mejor que en Estados Unidos, pero la pandemia no se controla fácilmente y en cualquier momento puede que haya rebrotes y tengamos que parar…”, amplió el gijonés, en referencia a la estación de arcilla que comenzaría inmediatamente después del US Open, con Madrid, Roma y Roland Garros, este último con la pretensión de albergar a aficionados en las gradas. Pone Carreño voz a esa cascada de dudas que tienen confundidos a todos los profesionales, ya sean tenistas, entrenadores o directivos. Caso de Craig Tiley, director del Open de Australia y hombre riguroso donde los haya.

“He hablado con muchos tenistas y todos piensan ya en 2021”, afirmó en el diario australiano The Age, en consonancia con lo que exponía Rafael Nadal en este mismo periódico hace un par de meses: “Yo firmo estar listos para 2021. Ojalá. Me preocupa más el Open de Australia que lo que ocurra a finales de este año. El 2020 lo veo prácticamente perdido. Tengo la esperanza de poder empezar el próximo año. Ojalá que así sea”.

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