Melbourne baja persianas para detener la pandemia

Melbourne se ha convertido en el epicentro de las preocupaciones. La capital de Victoria, siempre ruidosa, está en silencio, como aguantando la respiración, al menos hasta que acaben
tres semanas de cierre decretado por el gobierno estatal. Este lunes, el estado ha tenido 532 nuevos positivos. En los últimos siete días se ha superado dos veces el peor día de la pandemia, el 28 de marzo, cuando se alcanzaron 460 casos. Nueva Gales del Sur ha sumado 17 positivos y Australia empieza la semana con un total de 549 casos nuevos y seis muertes.

Aunque que el ritmo de crecimiento es más lento que en marzo, en Victoria hay 4.542 casos activos con más de doscientas personas hospitalizadas, 44 de ellas en una UCI. Entre los recientes casos, unos 400 son trabajadores sanitarios y otros 680 están ligados con las residencias de mayores. “Los rebrotes en las residencias son la consecuencia de la transmisión comunitaria”, asegura el jefe de la Oficina de Salud, Brett Sutton. Desde el 22 de mayo todas las muertes por coronavirus del país se han producido en este estado.






En la última semana, el estado de Victoria ha superado dos veces el peor día de la pandemia, el 28 de marzo





Sutton ha sugerido que se está en el pico de infecciones después que el 7 de julio se anunciara el segundo confinamiento de Melbourne. El uso de la mascarilla es obligatorio y el primer ministro, Daniel Andrews, insiste en que la gente se haga el test si tiene síntomas. Solo en este estado de 6,3 millones de personas se hicieron el domingo 75.619 pruebas. Aun así, “si seguimos viendo gente que va al trabajo cuando no debería, cualquier opción está sobre la mesa”, deja claro.

En el norte de Victoria, en Nueva Gales del Sur, el estado más poblado de Australia, ha sumado 74 casos en las últimas dos semanas, con algunos clústeres en clubs, restaurantes o iglesias. La premier del estado, Gladys Berejiklian, quiere evitar a toda costa un paso atrás; ha cerrado la frontera y se centra en la política interna. En la conferencia de prensa del lunes atacó a los organizadores de las protestas de Black Lives Matter convocadas para hoy martes en Sydney después que el Tribunal Superior del estado no autorizara la marcha. “Una pandemia no es el momento, escoged otro”, afirmó.





La liga de fútbol australiano se ha reanudado sin público en los estadios y con excepciones. Hasta seis equipos de Melbourne y su periferia se han trasladado a Queensland donde entrenan y juegan los partidos para salvar la temporada. Este estado ha contabilizado diez casos en los últimos dos meses, aunque el gobierno no esconde su miedo que la situación empeore en Nueva Gales del Sur. “Si la situación se descontrola, no vacilaremos en cerrar la frontera”, aseguraba su premier, Annastacia Palaszczuk.

También los gobiernos del resto de estados miran con recelos los rebrotes. En Australia Occidental, con dos casos activos fuera del hospital, mantienen las fronteras cerradas sin excepciones. En el sur, Australia Meridional ha registrado tres casos el último mes, mientras el Territorio del Norte y Tasmania llevan más de 60 días sin nuevos positivos, pero todos mantienen las puertas cerradas con Victoria.

El primer ministro australiano, que se había recompuesto de su nefasta gestión durante los incendios de verano, ha enviado 1.400 soldados a Victoria, ha anunciado planes billonarios y subsidios, con una tasa de paro del 7% y el peor déficit público del país desde la Segunda Guerra Mundial. Unas operaciones que, en palabras de la periodista Patricia Karvelas, serían “un suicidio político” si no fuera por la pandemia.





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