¿Se puede donar un símbolo?

Pocos espacios naturales producen mayor orgullo a los persas que el monte Damavand. Una buena parte de su historia –y mitología– se construye alrededor de esta montaña de 5.609 metros de altitud, la más elevada de Oriente Medio, a la que se han referido sus poetas a través de los siglos. Ese pico nevado que sobresale en la imponente cadena montañosa de los Alborz es un símbolo, igual o mayor de lo que lo es Persépolis, en Shiraz. Si para los armenios el monte Ararat es su mayor símbolo, el Damavand lo es para los persas.

Bajo este contexto, este volcán inactivo es propiedad de todos los iraníes. Y, según está estipulado, su gestión corresponde a la organización de protección del medio ambiente. Pero todos estos supuestos quedaron derrumbados el pasado domingo cuando el periódico Hamshari , propiedad de la municipalidad de Teherán, denunció que el Tribunal Supremo había cedido una parte de las 45.000 hectáreas que comprende el complejo natural a la Organización de Dotación Religiosa, que si bien forma parte del Ministerio de Cultura es una institución que está bajo el control del líder supremo. Esta organización tiene a su cargo las mezquitas y monumentos religiosos.






Muchos temen que el terreno sea explotado para construir segundas residencias, como en las áreas no protegidas





Según Hamshari , si la montaña se divide desde el pico hasta la parte más baja en once pedazos, uno de ellos habría pasado a estar bajo el control de esa organización. La noticia ha sido una explosión en un país donde las redes sociales cada vez tienen más poder para movilizar la opinión pública. El Damavand “está incluido en la categoría de protección que, de acuerdo a la ley, no puede ser asignada o explotada”, tuiteó Masumeh Ebtekar, vicepresidenta para asuntos de la mujer y ex director de la oficina de protección ambiental. “La cumbre no puede ser explotada como un bien inmueble”, sentenció Ebtekar. Junto a este comentario surgieron miles de reacciones que denunciaban la venta de los tesoros naturales del país, tema bastante sensible estos días, cuando se habla de que un futuro acuerdo entre China e Irán dará a los asiáticos derecho sobre algunas de las islas en el golfo Pérsico.

El diario Hamshari aseguraba que la donación de estas tierras de propiedad nacional a la organización religiosa legaliza la apropiación de ese territorio. Horas más tarde de esta denuncia, la Organización de Dotación Religiosa, a través de su vicedirector legal, negó que se le hubiera otorgado parte del territorio en lo alto del monte, ni que tuviera títulos de propiedad, como se había asegurado. Sí reconoció, sin embargo, que le ha sido cedida una zona en la parte baja, cerca de una localidad llamada Marlar.

“Una nación que no puede defender su mayor símbolo nacional está condenada a la aniquilación”, decía otro usuario de Twiter. Muchos de los críticos en las redes sociales apuntaron sus dedos hacia al imán del viernes de la región de Mazandarán, provincia en la que está ubicada el Damavand, como el beneficiario final de esta donación. Los imanes de los viernes son figuras designadas por el Líder Supremo en cada provincia que hacen de sus representantes y son quienes administran las propiedades de esta Organización de Dotación Religiosa, que según ley deben estar destinados a asuntos relacionados con la fe.





El director general de recursos naturales de la provincia de Mazandarán hizo un llamamiento al jefe de la justicia iraní, Ibrahim Raeesi, para que tome medidas relacionadas con este territorio. Y es que muchas voces suspicaces temen que este terreno vaya ser explotado para crear áreas de recreo donde se construyan casas de campo, muy frecuentes en las áreas no protegidas alrededor del Damavand. Esta zona, a solo 80 kilómetros de Teherán y a no más de un centenar de kilómetros del mar Caspio, se ha convertido en una de las favoritas para construir una segunda vivienda. En las últimas décadas la construcción en esta región ha experimentado un boom que ha enriquecido a viejos campesinos que durante generaciones explotaron unas tierras que, si bien son esplendorosas, no son fáciles por su topografía y clima, extremadamente frío en invierno.

En un momento del año en que el Damavand está llamado ser protagonista por el número de montañeros que se lanzan a alcanzar la cumbre, su nombre ha pasado a engrosar la lista de casos no claros que rodean a las instituciones iraníes. Lo que está claro es que, así como hace unos días los iraníes se lanzaron a internet –con éxito– para pedir que se juzgara de nuevo a tres jóvenes sentenciados a muerte por las protestas de noviembre del 2019, ahora lo hacen para decir que el Damavand no puede tener dueño. Es propiedad de todos los iraníes.





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