‘Tiktokers’ y ‘kpopers’ se adentran en la arena política | Internacional

Parte del auditorio vacío en el mitin del presidente de Estados Unidos del pasado 20 de junio, en Tulsa.NICHOLAS KAMM / AFP

“Son dos entradas por cada número de teléfono. Te registran, te mandan un código. Y son para ti (gratis). Recomiendo a todos aquellos que queremos ver este auditorio de 19.000 asientos apenas lleno o completamente vacío, reservar ahora, y dejarlo allí solo (a Donald Trump) en el escenario. ¿Qué dices?”. Atropelladamente, en apenas 56 segundos, la usuaria de la red social de vídeos TikTok @maryjolaupp, blanca, de unos 50 años, lanzó este mensaje indignado sobre la convocatoria del primer acto de campaña del presidente de Estados Unidos desde la irrupción del coronavirus, celebrado finalmente el 20 de junio en Tulsa (Oklahoma, en el medio oeste del país, 403.000 habitantes). Como ella, que registró más de 700.000 me gusta en su propuesta, otros tantos instaron al boicot, y más les siguieron. Al final se vieron asientos vacíos en el pabellón de la ciudad, aunque el debate sobre las causas y la influencia de las redes sociales en el resultado está abierto.

“Ok, ya tengo 150 tickets, pero voy a tener más, no hay problema. Se lo mando a mi grupo de chat K-pop. Ellos están ayudando también (son 200)”, escribía @bangtan_legends7 en uno de los más de 6.000 comentarios de otra usuaria que incitó al sabotaje a los kpopers, una masiva comunidad de adolescentes y jóvenes amantes de bandas coreanas caracterizada por tener un marcado activismo social. Cinco días antes del evento, el presidente de la campaña de reelección de Trump, Brad Parscale, ya presumía en Twitter de haber recibido más de un millón de solicitudes de reserva de asiento y se instalaron infraestructuras extra para seguir el acto en directo. No se utilizaron. El departamento de bomberos de Tulsa contabilizó unas 6.200 personas en el mitin, pero la oficina del presidente negó tajantemente que “los izquierdistas y trolls de Internet” conozcan sus métodos para eliminar números de teléfonos que calificó como falsos y los sortearan para ocupar virtualmente plazas que no usaron.

Los republicanos rechazan haber sido intimidados por un movimiento más adolescente que joven y alegaron para la baja cifra de asistentes que las manifestaciones antirracistas a las puertas del recinto complicaron la entrada de seguidores de Trump. Varios medios estadounidenses recogieron que la baja afluencia pudo deberse a la reticencia de ciudadanos preocupados por un contagio del coronavirus —la ausencia de mascarillas y de la debida distancia social fue manifiesta—; indicaron que la campaña partió de un error de cálculo por las expectativas de eventos previos; y apuntaron a que incluso los seguidores de Trump reservaron solo por apoyar el acto, aunque sin intención de ir.

Pero, fuera con más o menos incidencia, la polémica ha puesto el foco sobre la capacidad de organización y acción de adolescentes y jóvenes a través de las redes sociales. “Sin duda, hay una creciente implicación política entre los usuarios de Tiktok. Y lo más interesante son sus edades, ellos son los futuros votantes. Se puede traducir en las urnas”, declara Ioana Literat, investigadora de creatividad online y participación juvenil de la Universidad de Columbia. Estudia desde hace más de dos años esta plataforma, que en 2019 fue la segunda aplicación más descargada del mundo, según un informe de SensorTower. “Preparan sus intervenciones con deliberación e intención, seleccionan los recursos, la música… E imaginan una audiencia amplia”, añade la experta, que ha detectado un crecimiento notable del uso de la herramienta durante la pandemia.

De bailes a debates

También advierte un cambio sustancial en el uso de la plataforma, diseñada fundamentalmente para compartir vídeos de bailes, música y entretenimiento. “Por ejemplo, hay una plantilla de vídeos de pantalla partida pensada para hacer duetos de canciones, pero se utilizan cada vez más para hacer debates políticos. Un usuario invita a los demás a dar sus argumentos a favor o en contra”, apunta Literat. Para el científico de datos de la Universidad de Múnich Juan Carlos Medina, estos duetos son una arena inaudita de debate público. “Se pueden ver discusiones de una persona de 13 años con otra de 40, desconocidas entre sí, lado a lado”, apunta el experto, que alerta del riesgo de dar los datos biométricos y del acoso en el que se puede traducir esta exposición. “Los usuarios son como la noticia, los presentadores. No son los periodistas los guardianes de la información. Ellos son los protagonistas, no se limitan a compartir un enlace de otro. Son quienes generan la cadena de comunicación en vídeos cortos y virales, con argumentos puntuales y para captar la atención”, concluye Medina, coautor de un estudio en el que se han analizado 8.000 vídeos de TikTok sobre política en Estados Unidos.

“TikTok está funcionando en términos políticos”, añade Medina. Y estos cambios han removido a la empresa matriz ByteDance, de propiedad china, que ya se ha visto inmersa en más de una polémica y cuenta con una aplicación similar pero exclusiva para China llamada Douyin. En septiembre de 2019, The Guardian reveló que había moderadores para controlar información sobre la plaza de Tiananmen, la independencia tibetana o sobre las tensiones en Hong Kong. “En los primeros días de TikTok, adoptamos un enfoque contundente para minimizar el conflicto dentro de la plataforma, y nuestras pautas de moderación permitieron imponer sanciones por contenidos que lo promovían, por ejemplo entre sectas religiosas o grupos étnicos. Pero cuando despegó en el ámbito mundial el año pasado, reconocimos que este no era el enfoque correcto y comenzamos a trabajar para capacitar a los equipos locales que tienen una comprensión matizada de cada mercado”, informan fuentes de TikTok.

Cambios de estrategia

Para Medina, el hecho de que TikTok haya contratado al máximo responsable en streaming de Disney como director ejecutivo podría ser una declaración de intenciones. “Se han dado cuenta de que el uso político no se puede detener, aunque se pueden cambiar los algoritmos (para controlar la visibilidad). Quizás ahora tengan más estándares occidentales”, apunta el investigador. “Las pautas anteriores están desactualizadas y ya no se usan. También entendemos la necesidad de ser más transparentes al comunicar las políticas para mantener un entorno de aplicaciones seguro y positivo”, añaden las fuentes de TikTok, donde se ha desarrollado también un extenso documento titulado Normas de la comunidad contra actividades delictivas. “Apreciamos enormemente que nuestros usuarios pertenezcan a una amplia variedad de nacionalidades y culturas, y tenemos en cuenta las normas culturales de los países en los que operamos”, se lee en el texto.

En estas últimas semanas la empresa ha pedido perdón en un comunicado a la comunidad negra por “un problema técnico” que hizo que pareciera temporalmente como si las publicaciones cargadas con los hashtags #BlackLivesMatter y #GeorgeFloyd recibieran cero visitas. El incidente provocó un importante revuelo en los usuarios de las redes sociales.

También entre los kpopers, que además de reconocer que actuaron para boicotear el acto de Trump, promueven de forma comprometida la diversidad sexual y la igualdad de derechos. Los amantes de la banda BTS, que solo en Twitter cuenta con 26,7 millones de seguidores, aseguran haber recaudado un millón de dólares (890.000 euros) para grupos vinculados al movimiento #BlackLivesMatter. “Observamos también que cada vez se acorta más la diferencia entre el activismo online y el activismo offline. No son todos, claro, pero son destacables los que se implican en las causas”, destaca Literat.

Los kpopers, con una fuerte presencia en Twitter, ya han desarrollado otras acciones colectivas y organizadas para saturar los hashtags de propuestas políticas o partidos que consideran injustos. Utilizan los llamados fancam —breves vídeos de actuaciones de sus ídolos o de otras temáticas— con la idea de colapsar los canales de comunicación de quienes atentan contra las causas que defienden y complicar la lectura de sus mensajes. “Actúan de forma coordinada. Y las herramientas online les ayudan a estar interconectados. Solo la iniciativa de boicotear el acto de Trump ya ha contaminado las bases de datos del partido”, concluye Literat.

Las acciones de los kpopers también llegan a España. En junio, la cuenta de Twitter de Vox se llenó de vídeos de pop coreano sobre imágenes retocadas de Santiago Abascal.

Tras la campaña contra el mitin del presidente estadounidense en Tulsa, se adivina que tanto los políticos como los responsables de las herramientas de comunicación tendrán que afrontar el reto de entender y responder a las iniciativas de una población cada vez más joven que se adentra en la esfera política.

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